A veces, en momentos en que se sentía más optimista, más relajada, con momentáneos incrementos de autoestima creía que su hermetismo era el causante de su distanciamiento con cual- quier ser humano y que el desconocimiento de este ser humano a su vez era causa directa de su hermetismo. Y el paso de los años en este estatus solo lograba estacionar la situación. Esperaba que solo fuera una estación más en su vida, aunque tenía que recono- cer que duraba más de lo que hubiese deseado.
Lucía la conocía desde hacía algunos años y aunque siempre vio algo extraño en ella no podría explicar que era. La alegría y sobretodo la expresión natural de sus sentimientos derribaba cualquier barrera que se pudiera levantar entre un grupo de chicas preadolescentes. Iban al cine, al lago o simplemente a pasear por las calles del pueblo con el único fin de ver a los chicos. Había algunos bastante guapos y a ellas les gustaba coquetear,intercambiar miradas y al fin, pasar el rato porque no se trataba de llegar más lejos. En ninguna de ellas había anidado aún la idea de hacer planes más importantes o que alguno de esos chicos llegara a ser algo más que una forma de pasar la tarde de un domingo.
Lucía las veía salir, y a veces, de encaminarse de una casa a
otra, tras la cual, el grupo se veía incrementado en una más. Planes de fin de semana que se gestaban durante el transcurso de los
días en el colegio. Durante la época estival hacían sus planes de
un día para otro, con el picoteo que cada una de ellas se llevaba a
media mañana de casa.
Lucía sin embargo, veía más obstáculos en las relaciones sociales.
Desde muy pequeña sus padres, quisieron que la vida y objetivos de ella fueran encaminados hacia el estudio y el perfeccionamiento. Veían en ella unas aptitudes que no tenía, o bien, quizás ese perfeccionamiento además de no ser esencial para vivir era muy posible que necesitara algún que otro ingrediente más que el estudio y autoreflexión, y la huida de todo aquello que ellos pudieran considerar banal o superfluo.
Autoreflexión. Pasaba horas reflexionando. El resto del tiempo que no pasaba en clases, oía música y reflexionaba. Esto hizo que desarrollara una gran empatía hacia otras personas, llegó a ser un mecanismo automatizado, trasladaba su mente y conseguía ubicarla en el cuerpo de otra persona y de esta forma ocupar la situación mental de esta. Bastaba que esta se encontrara frente a un dilema de cualquier índole para que este pasara automáticamente a ocupar la mente de Lucía y tratara de encontrar las posibles soluciones. Esta capacidad que en principio, es necesaria e incluso esencial, para que una sociedad avance y elimine lacras que asolan el mundo, y que al menos se mitigarían,si la humanidad usara más a menudo la empatía como ejercicio mental sin importar si eres el vecino, el compañero de trabajo, un señor que va en autobús o el presidente de una nación.
Lucía sin embargo, veía más obstáculos en las relaciones sociales.
Desde muy pequeña sus padres, quisieron que la vida y objetivos de ella fueran encaminados hacia el estudio y el perfeccionamiento. Veían en ella unas aptitudes que no tenía, o bien, quizás ese perfeccionamiento además de no ser esencial para vivir era muy posible que necesitara algún que otro ingrediente más que el estudio y autoreflexión, y la huida de todo aquello que ellos pudieran considerar banal o superfluo.
Autoreflexión. Pasaba horas reflexionando. El resto del tiempo que no pasaba en clases, oía música y reflexionaba. Esto hizo que desarrollara una gran empatía hacia otras personas, llegó a ser un mecanismo automatizado, trasladaba su mente y conseguía ubicarla en el cuerpo de otra persona y de esta forma ocupar la situación mental de esta. Bastaba que esta se encontrara frente a un dilema de cualquier índole para que este pasara automáticamente a ocupar la mente de Lucía y tratara de encontrar las posibles soluciones. Esta capacidad que en principio, es necesaria e incluso esencial, para que una sociedad avance y elimine lacras que asolan el mundo, y que al menos se mitigarían,si la humanidad usara más a menudo la empatía como ejercicio mental sin importar si eres el vecino, el compañero de trabajo, un señor que va en autobús o el presidente de una nación.
Sin embargo a ella acabó provocándole falta de identidad, le
creaba confusión, por ello, a veces no sabía dónde empezaban sus
derechos y terminaba los derechos de los demás. No discernía
entre la importancia que podía tener sus problemas y hasta qué
punto parte de la solución de estos podía estar en las manos de
otros.
Sus problemas y confusiones, empezaban y terminaban en ella. No sería hasta mucho más tarde que se daría cuenta que uno de los efectos de la falta de habilidades sociales en el ser humano es que el desconocimiento de ciertos modos y protocolos de conducta, que no de valores, te lleva a la no sincronización de este con su tiempo.
Sus problemas y confusiones, empezaban y terminaban en ella. No sería hasta mucho más tarde que se daría cuenta que uno de los efectos de la falta de habilidades sociales en el ser humano es que el desconocimiento de ciertos modos y protocolos de conducta, que no de valores, te lleva a la no sincronización de este con su tiempo.