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domingo, 4 de noviembre de 2012

Pag.34 libro "Asocial"


–¿Tú estás en otro colegio?
–¿No? –dice María, seguido de otras pausas.
–Me gusta más tu uniforme que el mío. Pausa. Me gusta más

el rojo. Pausa. Tengo muchas cosas rojas. Pausa. Sí, me gusta el rojo, confirma, como si alguien lo pusiera en duda.
–¿A ti te gusta el rojo? –pregunta María.
–Sí me gusta, aunque estoy cansada de llevarlo todos los días –contesta Julia.
–¡Claroooo! ¡Es que todos los diaaaasss! ¡Uuufff! –contestó María, subrayando con gestos el comentario.
En ese momento, una mujer pequeña y regordeta que estaba apoyada en el vano de la puerta, llama a María haciendo gestos.
–¡Ahí está mi madre! ¡Adiós!
Y reanuda sus saltitos, ora con una pierna ora con dos, hasta llegar a donde estaba su madre.
Julia también continúo su camino a casa pero ahora con un ánimo distinto.
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Juana (madre de María)
Tenía una un terrible presentimiento, una pesadez interior que no lograba quitarse y esperaba que solo fuera esa sensación que compartían muchas madres, un malestar del alma que les conducía a pensar constantemente, en aquello, que sería lo último en lo que quisiera entretener la mente. Pero como todo pensamiento desagradable este se abría paso ante cualquier otro agradable a pesar de los esfuerzos que se realizaran para evi- tar su paso a ese lado que parecía poseer muchas madres.
Su visita al doctor la dejo intranquila a pesar de la naturalidad con la que pronunció las palabras.- Esto no es significativo- y añadió – Tenemos que realizar algunas pruebas más para poder dar un diagnóstico definitivo-.
Y aunque ella intentó que el galeno, le diera al menos una pista, sobre lo que le sucedía a su hija, este la tranquilizó con frases hechas que había repetido en demasiadas ocasiones, como que, la etapa de la pre adolescencia a veces conllevaba síntomas de diferente etiología: cansancio, debilidad que podía ser conse- cuencia de otras enfermedades y que esto debía ser descartado.
Ya, pero mientras ¿qué hace ella? No hay nada peor para una madre que encontrarse en una situación de espera dilatada.
Espera para conseguir cita con otros médicos, espera mientras se desarrollan más pruebas y espera los resultados mientras no
Asocial
sabe que le está pasando a su hija, y si al menos el médico le diera algunas pautas mientras tanto. Si había algo que pudiera hacer, porque en estos casos, siempre se teme que este intervalo de tiempo, desaprovechado por parte de ella, pudiera ser de suma importancia, incluso definitivo.
En muchas ocasiones se sentía cansada, muy cansada. Llevaba demasiado peso sobre sus hombros. Jamás lo hubiese pensado cuando apenas era una niña y se veía arrastrada por sueños románticos sobre su vida futura. Sería la mejor ama de casa, le gustaba, aún de pequeña ayudaba a su madre y se imaginaba a sí misma en una agradable casa con un marido encantador al que ella trataría como su dios, porque si ella tenía algo que dar era mucho amor. Y sabía, que el día que se enamorase, su hombre jamás se sentiría solo, mal querido o abandonado.
¡Qué distinto había resultado todo! Era ella la que se sentía sola, mal querida y abandonada. ¡Qué ironía!
Se conocía muy bien y sabía que este era un bajón emocional, le había pasado otras veces y como otras veces pasaría. No tenía más remedio.
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María
Sumadre estaba extraña, no puede explicarlo, pero está más seria, como preocupada, desde hace varios días. Pero el problema no era con ella. Seguía permitiéndole salir con sus
amigas. Incluso, a veces, la animaba. Tenía que haber otra causa. –¡Pero mamá, siempre me dejas ir! ¡Andaaaa! ¡Porfaaaaa! –dijo
María con expresión tan confundida como enojada. Aprovechando el puente del uno de mayo, sus amigas habían decidido pasar un día de playa. El tiempo era bastante agradable aunque no lo suficiente para darse un baño, no porque el agua estuviera fría, sino porque el viento de la zona en esta época es fuerte y húmedo. Lo cual hace que los deseosos bañistas desistan
y se limiten a tomar el sol.
María quería ir con sus amigas a la playa y no adivinaba por-

que su madre no se lo permitía. No era la primera vez que iba, y no era solo por quedarse sin ir, es que si no iba se pasaría sola y aburrida todo el día. No le gustaba lo que le estaba pasando a su madre parecía que estuviera cambiando. 

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